¿Cómo beneficia a un adolescente la Inteligencia emocional?

¿Cómo beneficia a un adolescente la Inteligencia emocional?

La adolescencia es un periodo de cambios, de ajustes, de dificultades y de oportunidades, de descubrimientos, de búsqueda de nuevos límites etc. Resulta una etapa complicada a la vez que bonita, pues supone el paso intermedio entre la niñez y la edad adulta.

A veces resulta complicado acompañar a los adolescentes en esta etapa, puesto que, en ocasiones, el hecho de buscar su personalidad, sus ideas e intereses y su independencia hace que se enfrenten hasta lo que en ese momento se les ha pretendido enseñar, con lo cual se puede producir una lucha con sus padres, a los que muchas veces les cuesta realizar el ajuste que corresponde a esta nueva etapa.

En este periodo lo que más suele preocupar al adolescente es el ser aceptado por el grupo, de hecho muchos tienen auténtico miedo al rechazo, lo que les puede llevar a hacer cosas que realmente no desean hacer, o que, ni siquiera se detienen a pensar. Y es aquí donde radica la importancia de trabajar aspectos como la inteligencia emocional, que ahora paso a detallar.

Pero primero un apunte, que a veces es necesario, puesto que el ver a nuestros hijos/as alejarse de nosotros/as nos puede provocar dudas al respecto:. Tu hijo/a adolescente te sigue necesitando, pero esta necesidad ha cambiado, ya no depende de ti para aprender algo o para tomar una decisión. En este momento lo que quiere es dar pasos con autonomía. Así que tu acompañamiento se limita a indicarle que estás dispuesto/a a prestarle la ayuda que necesite y a esperar a que te requiera tal ayuda, así como has de estar pendiente de su comportamiento por si hubiese algo que puede precisar de tu acompañamiento y no te lo comunica.

Dicho así, te puede sonar duro, pero recuerda tu adolescencia, seguramente pasaste por las mismas fases que estás viendo pasar a tu hijo/a, y querías tener más independencia, puede, incluso, que vivieras un enfrentamiento con tus padres, a los que después de un tiempo te volviste a acercar.

Uno de los logros que se ha de perseguir es que el/la adolescente aprenda a afrontar los problemas o dificultades con las que se encuentre, tanto de manera autónoma, como solicitando ayuda cuando la necesite.

Con esto no quiero decir ni justificar que dejemos a nuestros adolescentes hacer y deshacer según se les antoje, sólo que entendamos sus frustraciones cuando les imponemos ciertos límites, que, por otro lado, debemos saber que siguen siendo necesarios, pero igualmente requieren una modificación, ya que se deberían adoptar con acuerdos que tomes con tu hijo/a..

Aquí es donde entra en escena, entre otras cuestiones, la inteligencia emocional. Y es que si a lo largo del desarrollo de nuestros/as hijos/as les hemos dotado de herramientas de gestión emocional, les resultará más fácil enfrentarse a cuestiones que se van a encontrar durante el proceso de maduración. Si no lo has hecho, no te preocupes, que nunca es tarde para comenzar, aunque si a ti te resulta complicado porque se cierra en banda a escucharte, puedes buscar ayuda profesional

Para saber desde qué punto partimos, puedes pensar en las siguientes cuestiones que te expongo a continuación y puntuarlas de 0-10 dependiendo del nivel que consideres que tiene tu hijo/a.

Elementos en los que dividiríamos la inteligencia emocional, son:

1, Autoconciencia emocional:

Este primer elemento tiene que ver con tener la habilidad de reconocer y entender las emociones propias y el estado de ánimo. Es un proceso intelectual y gracias a él, podemos establecer una relación entre lo que sentimos, cómo lo expresamos y cómo lo viven los demás. Ponemos el foco en nuestro interior para entendernos un poco mejor.

Gracias a la autoconciencia emocional, podemos identificar los estados emocionales concretos que vivimos a lo largo del día para poder analizar también el efecto que producen dichos estados en el entorno, y es que las emociones también interfieren en las relaciones sociales.

Así, esta autoconciencia emocional también implica la misma habilidad de reconocer y entender las emociones de nuestro entorno, el “saber ponernos en los zapatos de los demás”, sin prejuzgar ni emitir críticas destructivas.

2. Autorregulación emocional:

Implica la capacidad de controlar los impulsos y las emociones para, de esta manera, no dejar llevarnos por los impulsos más primarios. Sin esta capacidad, por ejemplo, cuando nos enfadáramos con alguien directamente le agrediríamos, ya sea de manera verbal o física.

Así gracias a este elemento podemos regular nuestras respuestas emocionales de manera más adaptativa para desarrollarnos correctamente en el entorno en el que nos desenvolvemos.

No está de más añadir que la autorregulación emocional no implica, ni mucho menos, que las emociones se hayan de esconder u ocultar, ya que esto resulta nocivo para la persona que lo hace, sino que hay que expresarlas, pero siempre de manera asertiva.

3. Motivación:

Esta es la habilidad de dirigir nuestros estados emocionales hacia una meta u objetivo determinado, siempre con un foco positivo y con mucha energía. Gracias a la motivación, también nos podemos recuperar más fácilmente de contratiempos de la vida, encontrar soluciones rápidamente y volver a encaminarnos hacia nuestras metas, siendo más persistentes y proactivos.

Por ejemplo, si nuestra meta es conseguir un buen trabajo, es posible que no lo consigamos a la primera, pero gracias a la motivación, jamás olvidaremos cuál es nuestra meta y seguiremos buscando el mejor camino hasta poder alcanzar el objetivo deseado.

La falta de motivación se traduce en aburrimiento, cansancio, rutina entendida de una forma negativa, tristeza… En cambio, tener una razón para luchar se transforma en un motor para vivir.

4. Empatía:

Este elemento comprende la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de reconocer las emociones y los sentimientos ajenos.

Gracias a esta habilidad, somos capaces de entender e interiorizar las emociones de los demás a partir de la expresión emocional que estos que nos muestran. Ponemos conciencia, de esta manera, en los sentimientos y emociones de quienes nos rodean, vemos nuestro entorno desde otra perspectiva en vez de poner el foco en nosotros/as mismos/as. Saber cómo se siente otra persona mediante la comprensión de sus gestos es una capacidad que favorece la comprensión mutua y nos permite tener más y mejores relaciones interpersonales.

5. Habilidad Social:

Consiste en el conjunto de capacidades que nos permiten dar respuestas adecuadas al entorno y relacionarnos mejor con las personas que nos rodean. Son la clave para un buen desarrollo personal y profesional. Gracias a ellas, podemos comunicarnos de manera más asertiva, dando a conocer nuestras necesidades para que, quienes nos rodean, entiendan mejor cómo nos sentimos.

Un ejemplo de buenas habilidades sociales son aquellas personas que mantienen la calma y saben expresar sus opiniones y emociones de una manera tranquila, evitando el conflicto sin faltar al respeto a nadie. Añadir también que estas habilidades también las tienen aquellas personas que saben cómo comportarse en cada situación, ya que no es lo mismo, por ejemplo, estar entre amigos que con una profesora o unos familiares.

Estas habilidades son las que te pueden aproximar hacia el nivel de inteligencia emocional que ha adquirido tu hijo/a, o tú mismo si eres un adolescente al que le interesa este tema, lo que ya dice mucho de ti 😉

Detente a pensar en ello y da los pasos necesarios si consideras que es importante mejorar en algún aspecto, ya que este tipo de inteligencia, la inteligencia emocional, es la responsable del 80% de éxito tanto a nivel personal, como social, académico o laboral. Así que bien merece la pena la atención que pongas en ella.

Si necesitas profesional en este ámbito, dirígete a mí a través de las distintas vías de contacto que tienes disponibles, ya que estoy especializada en este tema, el cual, cabe añadir que, me apasiona.

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¡Gracias por estar aquí!

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